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Esta es una salida que repite destino, en su momento hace ya un par de años, los más veteranos del grupito, visitamos el Bosc de Can Ginebreda, pero en esa salida éramos 4 de los que hoy somos y valía la pena visitar de nuevo el sitio para que nuestros compañeros pudieran descubrir este curioso y original rincón de nuestra geografía. Para ello quedamos, como siempre, a las 9 en los Lluïsos de Gràcia y una vez todos juntos emprendimos el camino de ida, por la costa, dirección Girona.
El desayuno bien, como siempre. Tras recuperar fuerzas y con Miquel de guía, tomamos la carretera hasta llegar a Banyoles, cuyo lago bordeamos con prontitud para coger una comarcal bien asfaltada, donde el X7 me regaló con una conducción segura, estable y cómoda entre curva y curva, que ágil se muestra este pequeño GT en estas comarcales. Curva a curva y sin darme apenas cuenta llegamos a nuestro destino, el Bosque de Can Ginebreda. Este bosque es de propiedad privada y, lógicamente, está vallado todo su perímetro, y el motivo de nuestra visita es que el propietario es un escultor de ideas muy… digamos diferentes. Tras pagar los pertinentes tres euros para la entrada empezamos a pasear por sus senderos, rodeados todos ellos por las esculturas del artista, basadas todas ellas en un monotema: el sexo. Las hay abstractas, como el espermatozoide que te encuentras nada más llegar, semi-abstractas como alguna figura hermafrodita y algunas son absolutamente explícitas, como una jardinera vertical que representa muy fielmente una felación. En fin, que es un paseo que no tiene desperdicio, cámara de fotos en mano te hartas de disparar y de reír y comentar con tus compañeros de paseo todo lo que ves.
Una vez finalizado el instructivo paseíllo toca coger las motos y más curvitas, deshaciendo el camino andado hasta las cercanías de Banyoles donde se encuentran “Les Estunes”, que son unas enormes grietas que atraviesan una colina. Tan grandes son algunas que se puede pasar a través de ellas y bajar de la colina donde empezamos la visita. Llenos ya de cultura y curiosidades nos dirigimos por fin a nuestro destino final, el “Santuari de la Mare de Deu del Mont”, lugar precioso, con una vista increíble que domina la unión de dos comarcas, a un lado el “Pla de l’Estany” con el lago de Banyotes perfectamente visible en la distancia y al otro el “Alt Empordà” con la “Badia de Roses” como rasgo más destacable desde las alturas. Para subir hasta este privilegiado lugar tuvimos que tirar de curvas, más curvas y paellas de gran pendiente, Nuestro guía estrujó los 50 y pico CV de su SilverWing 600 y aprovechando la subida pronto nos dejó atrás. Yo, en mis vanos intentos por seguirlo, fui distanciándome poco a poco de los demás, seguido de cerca por Toti y su Burgman 650. Como no hacíamos carreras no me adelantó, pero tampoco lo vi por el retrovisor. ¡Qué bien se porta este pequeño X7 en carreteras de curvas!.
La comida fue un poco como el punto de inflexión de la salida ya que oscurecía muy pronto, comimos muy bien y no especialmente caro, tras la comida tocó bajar lo subido, esta vez más tranquilos y en pelotón pues la oscuridad se había adueñado del lugar y estas carreteras piden prudencia con poca luz. Al llegar al valle nos despedimos de Miquel i Dolors y cogimos la Autopista dirección Barcelona. No solemos coger la autopista, pero en este caso, como era de noche y estábamos cansados debido a tantas horas de curvas y moto, decidimos que la conducción relajada y segura de este tipo de vías era lo más adecuado para regresar sin percances a la ciudad. Llegamos a nuestro destino sin más novedad, cansados sí, pero no derrotados, tras 358 km y 12 horas de ruta. Nos vemos en la próxima.
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