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¡CONDUCE COMO ELLAS!

Viva Scooter nº 009

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1. Editorial

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Apuré el ámbar, lo reconozco. Todos lo apuramos en algún momento... y todos lo hacemos mal... aunque la cotidianidad no puede ser excusa. El caso es que se oyó un chirrido de neumáticos y el guardabarros del enorme monovolumen se detuvo a 5 centímetros de mi pierna. Aún avergonzado levanté la mano del manillar en gesto de disculpa y me dispuse a escuchar la retahila de improperios que el conductor del coche familiar iba a dedicarme en décimas de segundo. Yo, sin ninguna duda, me acordaría de su señora madre varias veces de ser la situación al revés. Sin embargo, sorprendentemente, los insultos no llegaron. En su lugar vi como otra mano se asomaba por la ventanilla y recogía mi disculpa con ese signo también universal de mostrar al cielo la palma de la mano. Miré a los ojos del conductor a medio camino entre el agradecimiento, la admiración y la curiosidad.
Afortunadamente, era una mujer.

Reconozco también que me sentí tan agradecido por su comprensión que, en cuanto me senté al teclado, decidí que ya era hora de dejarnos de chorradas y de falsa masculinidad y decir a las claras lo que todos los hombres sabemos... aunque nos neguemos a admitirlo ni bajo tortura: ellas conducen mejor. Sí señores. Son mejores conductoras. Y punto.

No digo más rápidas. Ni más entusiastas. Ni digo que tengan más estilo “supersport” (lo cual, por otra parte, sirve para una higa salvo que te llames Pedrosa, Alonso o Loeb) sino que, globalmente, son mejores conductoras. No conducen crispadas. Y por eso mismo, por regla general, no se transforman al menor toque de cláxon en bestias salvajes lanzando espumarajos por la boca. (Ya me he curado en salud con lo de “en general” que también he conocido yo a algunas frágiles princesitas que se transformaban en la hermana de Hitler en cuanto se sentaban al volante...)

Con ese sentido común del que, por regresión atávica, ya carecemos los “machitos superconductores”, las féminas siguen viendo en su coche o su moto simplemente un medio de transporte y no un fin en sí mismo. Y, por eso también, el pintarse los labios en el retrovisor durante los semáforos en rojo es mucho más civilizado que hurgarse la nariz nerviosamente. Ellas hacen de su coche un entorno agradable, no un “cockpit” de carreras o la torreta de un carro de combate.

Tampoco pretenden ser infalibles. Saben que se equivocan (como demasiadas veces les recordamos los bocazas) así que suelen ser más comprensivas que nosotros con los errores ajenos. Y no, no es verdad que se distraigan más. Se distraen igual. ¿O acaso ninguno de nosotros ha tenido que dar un frenazo porque se le ha ido el santo al cielo mirándole el trasero a esa morenaza o pensando en el dichoso penalty que nos jorobó el partido?

Seamos sinceros: es el ser “superchulos” al manillar y “superracings” al volante lo que nos ha llevado justamente donde estamos. Al imperio del radar, al carné por puntos y a los amigos tirados en un arcén porque no “controlaban” tanto como creían. Reivindiquemos, como ellas saben bien, que una moto o un coche sean simplemente un medio de transporte. Divertido -claro que sí-, apasionante, ilusionante... pero nada más que eso: un instrumento al servicio de nuestro tiempo. “Conduce como ellas”. Esa debería ser la próxima campaña de la DGT. Aunque me duela en mi orgullo de machito.

1. Editorial

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