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Prueba: Suzuki RV125 Van Van
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ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Esther Nubiola Fotos Diego Sperani
Un bicho raro se ha colado entre los 125 cc. Reintroducida en 2003 y con inyección desde 2007: su estilo refrescante tipo retro emparejado a un motor rudimentario se ha ganado desde entonces legiones de nuevos seguidores. Una saga para la que no hay crisis. Le hemos hecho 1.000 kilómetros y un sondeo a fondo a esta RV125. Los del carnet 125 ya no tenéis excusa, que lo práctico no está reñido con la auténtico.
La idea de un especial Van Van surgió en una presentación de Suzuki, durante la cual surgió el nombre de esta pequeña máquina a colación: "Es una moto a la que no le hemos hecho nada de publicidad y se vende cada día mejor" decían los responsables de Suzuki España. La afirmación despertó la curiosidad de los presentes. Para desvelar el misterio de tan silencioso y contundente éxito en la sombra, nos zambullimos en el mundo Van Van. Así me convertí durante 1.000 Km en una infiltrada privilegiada y asombrada.
Nacida en 1972, la RV 125 Tracker aparecía como una moto todoterreno con neumáticos exagerados. Junto a sus hermanas 50 cc t 90 cc, formó una familia que colmó granjas y playas de todo el mundo. A principios de los 80' se dejaron de fabricar y no fue hasta 2003 cuando Suzuki desempolvó la idea. Las 2003 aquejaban de falta de autonomía, frenos limitados y suspensiones blandas. En estos años, se ha ido mejorando hasta apostar en 2007 por el obligado paso a la inyección. Desde entondes es sabido que decenas de animalitos como éste plagan las islas Baleares. Para mí, como para muchos, la RV 125 era pues una playera, "para gente a la que le gusta ir con la calma, de cala en cala". Los que ya sois poseedores de una de estas gráciles criaturas estaréis sonriendo al leerme, conocedores de la verdad sore las múltiples facetas de Van Van.
Van Van en japonés resulta ser algo como "¡¡venga, venga!!, incitando a no dejar de rodar: ese era el objetivo hace más de tres décadas. Hoy en día se parece a su musa más allá del mítico patromímico. Con el gran faro redondo cromado como carta de presentación, mantiene la característica estrechez del depósito que contrasta con el amplio asiento, subrayado por el alargado escape de cola también sobredimensionada. Destacan las tremendas ruedas -de 180/180 el donut trasero- de tacos y llantas de 14" a radios. Protegidas por unos aplastantes guardabarros que firman una presencia absolutamente original en ambos sentidos.
Acostumbrada a tener que ponerme los guantes de boxeo para enfrentarme a máquinas enormes ¡la Van Van se me presentaba tan apetecible! Si a la vista parece pequeña como para guardarla en el bolso, una vez encima se siente espaciosa gracias al asiento que se ensancha hacia atrás. Y al amplio manillar. La sencillez del reloj con lo básico, cumple su cometido y deja amplio campo de visibilidad al frente para acabar de despejarnos el camino. Es una moto que apuesta por la sencillez, sólo se le pediría el cabellete central. Casi parece a ratos ir en custom si no fuera por posición relajada de los pies, ligeramente retrasada. El acompañante en cambio preferiría las estriberas algo más adelantadas, para rematar el confort del asiento. Cabe apuntar que no hay leyes y en conducción diaria la posición queda a gusto del consumidor (sí, ¡aceptamos de pié como estilo de conducción Van Van!).
Superada la jornada laboral los VanVaneros se escapan al campo. En España no se comercializa la TF 125, una bellísima hermana endurera de la VanVan... y ni falta que hace visto de lo que es capaz la RV125. El Motoclub VanVan nos invitó a salir con ellos de ruta. Al llegar no vi motos de cuero, ni chaquetas de piel rockera, ni siquiera cordura de última generación. Desde fuera y en marcha, parecen un grupo de inocentes motillos, "oh mira estos con las Van Van, qué monos todos juntitos".
Pocos saben que estos VanVaneros han pedido permisos para darse un paseo por el Parque del Montseny. No hablan de hacer off-road, no se autoetiquetan. Van (y como Van) a divertirse, desconectar, disfrutar de la moto. La Van Van invita a hablar de Monkey Bikes y Bultaco durante el desyuno, de lo fácil que es empezar a convertila en una BOBBER, de cuanto les gustaría que llegasen a España todos lo complementos, aunque hay algún manitas que ha hecho maravillas, como este interesante blog que encontramos: http:((ganmaautomotive.blogspot.com).
El primer tramo del asfalto por autovía recto se hace algo largo. A favor de la obligada lentitud queda el no tener que preocuparse por los radares. Velocidad de crucero de 90 km/h su respetable máxima fue la misma que impone la DGT, 120 Km/h. Eso sí... casi saqué los pedales para alcanzarla y no se puede mantener sin castigar el motor. Naturalmente hay que tener paciencia: como en todas las mono- 125 cc 4T, tarda en subir de vueltas, pero al final la Van Van da el estirón. De frenarla se ocupa el disco delantero, de buena mordedura, y el clásico tambor a la rueda trasera, útil pero que bien aceptaría un cambio por el acero.
Llegamos al Montseny y con la primera nube de polvo empieza la aventura. Un par de VanVaneros comentan "que es su primera salida". A mí se ponen los pelos de punta: ¡¿Y se meten por estas pistas!? Para mi asombro resulta que con sus 12 CV la Vanvi, como la llaman, se comporta como una campeona. Alcanza velocidades sorprendentes en arena. No tiene la potencia de las motos del barro, lo que evita cualquier susto y hace que te puedas adentrar en el terremo sin temor, a la vez que la gestión del gas deja margen de error de sobras. Y si tienes una caída, lo espartano de sus plásticos cuentan los daños en un susto y un gracioso vídeo en Internet.
Dejando atrás las montañas, volvemos al negro alquitrán, pero ahora por curvas. Alguna "moto grande" nos adelanta con aplomo. Yo miro a mis compañeros, todavía con las ruedas llenas del polvo y tan felices, como si vinieran de hacer alguna travesura. El serpenteo no es problema para la pequeña RV. Su propulsor no goza de gran elasticidad, y pide trabajar bastante alto de vueltas. A pesar de sus limitaciones hay regímenes en que se siente especialmente cómodo. No puedo decir cuáles porque carece de cuentarrevoluciones, así que deberemos estar alerta a vibraciones y conocer bien el sutil sonido del monocilíndrico.
Aunque creía que una rueda tan grande dificultaría entrar en curvas, sucede lo contrario: La ligereza y maniobrabilidad que nos regalan su sencillo chasis y en conjunto la parte ciclo, qudan estabilizadas por ese 180 que llevamos detrás. Así, dejamos libertad al tren delantero para apoyarnos en el posterior. En definitiva, una moto que requiere una conducción propia, original como ella misma, para nada impetuosa y acertadamente intuitiva.
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