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RUTA HACIA EL TURÓ DE L’HOME

Viva Scooter nº 018

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1. Introducción

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Expedición megascootera hacia la montaña más alta del macizo del Montseny, a 1.700 metros de altura, situado en la provincia de Barcelona

Salida que ha sido muy especial, y lo ha sido porque es la primera vez que acudo a una salida sin mi mega, lo he hecho con un flamante Yamaha X-Max 250i con mil y pico de km en el marcador. Pero esta salida, como todas las que hacemos también ha tenido su propia personalidad. Tanto por el hecho excepcional de la X-Max como por las caras nuevas que han asistido por primera vez a una de nuestras salidas, que han sido tres, Beatriu, Oscar y Laia, bienvenidos todos. La salida empezó, como siempre, a las 9.00 de la mañana en Lluïsos, ahí acudieron los de siempre: Sergi, Francis, Joan, Carles, Jordi y un servidor; y faltaron Lluís, Toti y Pilar y otros incondicionales, que fueron compensados, en parte, por las novedades: Beatriu, que tiene un Scoopy 100 2T (que se quedaba un poco corto para venir con nosotros y se subió conmigo en el X-Max) y Oscar y Laia en su deportiva Honda CBR 600 gris y negra, (es la primera vez que un “Racing” se apunta a una de nuestras salidas). Una vez hechas las presentaciones apuntamos las ruedas delanteras de nuestras motos hacia Sant Celoni, puerta del Montseny, donde habíamos quedado con Miquel y Dolors y su Silver Wing y con Carles y su K-1200LT.
Por una vez y sin que sirva de precedente fuimos nosotros los que tuvimos que esperarlos, pero una vez todos juntos pudimos, por fin, empezar la ascensión hacia el Montseny. Al rato paramos a desayunar, el desayuno es ese espacio de tiempo, entre carretera de curvas y carretera de curvas, que aprovechamos para comunicarnos, planificar la próxima salida y de paso conocernos un poco mejor, sobre todo a los recién llegados. En esta ocasión celebramos el cumpleaños de Sergi (no voy a deciros cuantos), parece que abrir botellas de cava en el desayuno esta empezando a convertirse en una costumbre. Una vez cumplido el trámite de llenar la panza nos pusimos en marcha hacia Santa Fé y justo antes de llegar cogimos el desvío que te sube hasta el Turó de L’Home, en este tramo hicimos un cambio de megas a tres bandas, Francis cogió el X-Max, Miquel cogió el Beverly 500 de Francis y a mí me tocó el Silver Wing de Miquel, y con esta configuración subimos hasta el Turó de l’Home, antes de llegar Miquel y Francis habían cambiado sus monturas y Miquel, bajándose del X-Max comentó:-“quiero un chasis como este”- el X-Max causó muy buena impresión en todo el mundo, y eso que sólo es un 250, pero…¡Cómo se aguanta en curva!
El rato que estuvimos en el Turó lo pasamos subiendo al refugio, que está un “poco” más arriba aún y hay que ir a patita, la cual cosa nos sirvió para bajar el desayuno hasta los pies. Una vez arriba hicimos una foto de todo el grupo y nos quedamos embelesados con el paisaje que se veía pues tuvimos suerte de gozar de un día casi sin nubes. En esas apareció el responsable del refugio y entre Sergi, Miquel y no se quien más le sometieron a un interrogatorio de tercer grado que ya te vale, pobre hombre. Durante el descenso cada uno recuperó su mega y al ratito, cuando el asfalto volvió a hacer honor a su nombre, le comenté a Bea si le importaba que le metiera un poco de caña al X-Max, (aprovechando que las curvas eran de bajada), Bea, como buena motorista que es no puso ningún reparo y nos lanzamos carretera abajo una vez superamos a Sergi y su Burgman 650 que como guía que era circulaba el primero. Desde las primeras curvas me di cuenta de que, a pesar del peso de dos personas adultas mas bien grandotas, el motor tenía una alegría interesante y te llevaba de curva en curva con decisión, así las cosas empecé a disfrutar y a alejarme de mis compañeros de ruta pues el chasis de este megascooter y sus suspensiones (taradas a tope de dureza para la ocasión) lo sujetan muy bien, al rato miré por el retrovisor en busca de Joan y su Burgman 400, y ahí estaba él, fiel a cualquier escapadita que alegre el prudente ritmo de viaje con el que siempre nos desplazamos cuando vamos en grupo. Al parar a esperar al resto de nuestros compañeros, Joan me comentó: “¡Cómo tira este scooterito!”
El regreso a casa fue sin novedad, todos más o menos juntos hasta que nos despedimos de Miquel y Dolors que volvían hacia Castelló d’Ampuries, eso sí parando primero en alguna playa a refrescarse, cuanto a nosostros como esta era una salida “corta” es decir “a comer a casa”… pues eso, nos fuimos a comer a casa como los “buenos niños” que somos.

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