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Ruta Italia - España : Me voy a Barcelona (II)
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Seguimos nuestro camino hacía el Sur y atravesando paisajes colinares y pequeñas aldeas de Toscana nos recordamos como viajar en scooter nos llena de sentimiento de libertad.
Pronto llegamos a Siena, una ciudad que conserva sus tradiciones hasta hoy. El Palio, la famosa carrera de caballos en la plaza central de la ciudad que afonda sus raíces en las tradiciones medievales. Una pequeña hostería elegida a caso nos no decepciona, y empezamos el tour con un abundante y rico plato de pasta. Siena, nos traslada a otra época, y solo nuestro viaje y nuestra Vespa consigue hacernos volver. En la noche llegamos a Grosseto, la ciudad y la provincia mas al sur de Toscana, característica por sus zonas palustre, la Maremma. Nuestros huéspedes Moira y Biagio nos esperan en una típica casa rustica en las afueras de la ciudad. Nos adaptamos fácilmente al folklore del lugar:
Buena comida en la fiesta del pueblo, tanta música y bailes de grupo! Las noches son infinitas bajo el cielo estivo y decidimos alcanzar las fuentes de Saturnia, unas aguas termales naturales que forman piscinas naturales a diferentes temperaturas. El sito está en el medio de un bosque, al lado de un pequeño río; el vapor y la leve luz de la luna atenúan el ruido del agua corriente y las voces de las otras personas y proyectan un atmósfera muy sugestiva y sensual. Grosseto reserva muchas inesperadas bellezas: el Jardín de los Tarots, el esotérico jardín de esculturas inspiradas en los tarots realizado por Niki de Saint Phalle y las exclusivas playas del cabo Argentario. Omnes viae ad Romam ferunt. Todas las carreteras conducen a Roma. Y no podíamos terminar nuestro viaje sin visitar y rendir homenaje a la Ciudad Eterna. Olvidando por un momento los turistas, el calor de agosto y las latas de Fanta que bebían los antiguos romanos. Roma se presenta como un verdadero espectáculo: en acto en todas sus calles, y todos sus rincones, indescriptible y inimitable.
Los vestigios aún poderosos de lo que por miles de años fue la capital del mundo. Un romano os dirá que no basta una vida entera para visitar Roma, y nuestras pocas horas son el mínimo necesario para llenar nuestros ojos de la majestad de los monumentos clásicos, medievales, del Renacimiento y modernos que adornan este verdadero museo al aire libre. Única nota negativa, como buen turista me pillan sin billete en el bus (no se ha oído de un inspector desde los tiempos de César!) pero nos consolamos con le “Penne all’Arrabbiata”, una delicia picante típica de la cocina romana. Nuestro viaje en vespa termina en Civitavecchia donde un cómodo y moderno ferry de la Grimaldi Lines nos lleva hasta Barcelona. Nuestra Vespa puede finalmente descansar, cuantos kilómetros nos hemos dejado atrás!
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