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Salida al pantano de Sau y Rupit
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ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Constantí Seguer
1. Salida al pantano de Sau y Rupit
Quedamos como siempre a las 10.00h, poco a poco va llenándose de nuestras monturas, megascooters gran turismo, Nakeds, Sports, Customs, Megascooters ruedas altas, como podéis ver en la variación está el gusto, y eso sin tener en cuenta que a mitad de camino nos esperan tres motos más, un megascooter GT, una moto GT y una maxitrail. En fin, a lo que íbamos, cuando ya estábamos todos suena el móvil, es Toti y su Burgman 650 que no habían cambiado la hora del despertador y con eso del cambio horario justo esta noche, pues que ya vienen, que los esperemos. Así lo hacemos.
Ya todos juntos tomamos la Meridiana dirección Girona hasta la gasolinera de Tona, donde hemos quedado con el resto de la Tropa, al llegar ya nos están esperando (como siempre) y nos reciben con sonrisas y abrazos (también como siempre), saludo a Miquel y a Dolors que hace unos buenos tres meses que no los vemos (ellos dos vienen en su SilverWing desde Castelló d’Empuries y no siempre pueden acudir a nuestras salidas) y saludo también a la pareja novedad de esta salida (ya sabéis que casi cada salida se añade una moto más a nuestra pequeña familia) esta vez son Carles e Inés, que a bordo de su flamante BMW R-1200-GS acompañan a Carles “Ganapia” desde Granollers, parece que “Ganapia” ha encontrado compañeros de ruta para reunirse con nosotros. Tras las presentaciones de rigor cambiamos de monturas (esta es una tradición muy arraigada entre nosotros) Miquel y Dolors se suben al Flamante T-Max 08 que conduzco yo (por gentileza de esta revista y Yamaha) y Mercé y un servidor nos aposentamos en el SilverWing de Miquel, así montados enfilamos camino hasta el Pantano de Sau trazando con mucho placer todas y cada una de las curvitas que tiene dicho itinerario.
Al llegar hasta el final del camino sin asfaltar que conduce hasta la ermita de Sant Romà de Sau, me quedo realmente espantado, la ermita no sólo se ve entera, sino que el agua queda lejos de su puerta, recuerdo que mi hija me comentó que en julio del año pasado, estando de colonias alquilaron unos kayaks y fueron remando a ver el techo del campanario sobresalir del agua, ¡en julio! Estamos a marzo y no hay agua, realmente es deprimente, triste, ver este espectáculo, me ha preocupado mucho. Tras las fotos de rigor nos dirigimos a una carreterita de cemento, con un paisaje maravillosos, verde y muy cerrado encima de la carretera, que nos conduce a través de “Les Guilleries” hasta la linda población de Rupit, que es nuestro destino para comer.
Una vez aparcadas las motos y los scooters debemos cruzar un puente colgante de madera (estilo Indiana Jones), el cual si lo atraviesas muy deprisa empieza a cimbrear de un lado al otro, lógicamente lo hacemos así y empezamos a oír las quejas de los más rezagados, ¡jo! es que espanta si se mueve de esa manera. La comida…para que poneros los dientes largos, estupenda, como siempre, la compañía insuperable, poco a poco nos ponemos al día con Miquel y Dolors y vamos conociendo a los recién llegados. Después de comer es tradición pasear por el pueblo donde comemos y en este caso se convierte en obligación pues Rupit es un sitio tan extraordinario que sería imperdonable no patearlo un ratito, así lo hacemos y aprovechamos para bajar la comida, que nuestros prominentes estómagos lo agradecerán cuando nos sentemos en nuestras monturas en el paseo atravesamos el puente colgante, el cual yo atravieso deprisa y provoco “sin querer” oscilaciones en el suelo que alarman a los que van detrás de mí…(je je, que malo soy).
Tras el paseo ha llegado el momento de tomar nuestras máquinas y dirigirnos de vuelta a la Gran Ciudad (no todos, otros tienen más suerte y viven en lugares más pequeños y acogedores). El camino de vuelta transcurre sin imprevistos, paramos en una gasolinera para que Lluís me devuelva el T-Max y yo a él su flamante Honda CBF 600 S y aprovechamos para repostar y hacer lo típico que se hace en una gasolinera del camino, quién lo necesite, claro. Llegamos con la puesta del sol a nuestra querida ciudad y algunos aún tuvieron las ganas de tomarse algo en el bar de “Els Lluïsos”, nosotros dos no, pues nuestros hijos llevaban todo el día solos y vete tú a saber como encontraríamos la casa (es broma, son muy responsables, los dos). Bien, otra gran/pequeña salida fabulosa que nos permite cargar pilas para aguantar la rutina diaria hasta el día que nos toque la siguiente.
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