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Vegacervera 2008: La salida familiar
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Llevábamos meses preparando esta salida. En un principio los asistentes previstos eran más, pero ya se sabe que el hombre propone, Dios dispone y las circunstancias, todo lo descomponen.
A medida que se acercaba la fecha, las bajas se iban sucediendo. A José-Luís, ‘El Profe’, le pillaba la preparación de las vacaciones y aunque prometió ir un día a comer con nosotros, otras obligaciones se lo impidieron, por lo que se quedó sin disfrutar ni un minuto de las tres jornadas. Julián, ‘El Segurero’, que inicialmente tenía previsto acudir los tres días, tuvo que darse de baja por temas laborales acompañándonos eso sí, la jornada dominguera.
Por lo que llegado el día 11, Tino ‘Pluma Roja’ recogió con el coche el equipaje de los participantes y llevó a Marta, ‘La Super’, y a Angela, ‘La Piojo’, junto con las hijas del primero, Lidia, ‘La Responsable’ (10años) y Lucía, ‘La Pilla’ (6 años), a la Estación de Matallana, en la capital leonesa, para que las cuatro hicieran el trayecto hasta la localidad de Matallana de Torío en el tren de la Feve, dando así un tono “exótico” a la excursión y cargando las pilas de alegría a las niñas. A continuación y tras recoger a Mariflor, la mujer de Luis ‘Loto’ en su casa, nos dirigimos a buscar a Belén, ‘La Terremoto’, para que se hiciera cargo del pilotaje del “megaenlatado” mientras su marido ‘Pluma Roja’ se “encabezaba” el casco y junto con ‘Loto’ y su hija Silvia, ‘La Ratonera’, en sendas megas daban el pistoletazo oficial a la salida, en aquel momento con la ausencia provisional de Fernando ‘Malibú’, quien por motivos laborales tuvo que aplazar su participación unas 18 horas.
El campamento escogido este año eran las cabañas rurales de Fuentes Blancas, en Vegacervera, lugar experimentado en megas por haber acogido su restaurante, el sábado día 21 de junio, la comida de la II Concentración Mega La legionense MMVIII. Vegacervera es una preciosa zona montañesa ubicada a unos 30/35 kilómetros de León, zona en la que pongas donde pongas la mirada, te enamoras del paisaje. Previamente, unos 3 kilómetros antes de Vegacervera, nos dirigimos al barrio de La Estación, en Matallana de Torío, donde la llegada de las megas y el coche fue coincidente con el ferrocarril de vía estrecha. Unidas nuevamente las familias, Marta, Angela y Lucía montaban en el coche conducido por Belén, donde se encontraba igualmente Mariflor, mientras Lidia se ponía el casco y copilotaba con su padre la mega. La ilusión de la niña, primero en tren y luego en moto, era indescriptible.
Ya por fin, sobre las 19.30 horas, tras las trámites burocráticos aparcados los vehículos y habiendo tomado posesión de las cabañas, nos dirigimos a pasear por el pueblo. El sol iba perdiendo fuerza y el fresco montañés se adueñaba de la temperatura, por lo que tras un par de cervecitas, decidimos volver al campamento y sentarnos a cenar en su restaurante. Tras la cena y copa de rigor, nos encamamos con el pensamiento puesto en el cielo, pues se anunciaba mal tiempo para el día siguiente. En efecto, el sábado día 12, a horas tempranas (10 de la mañana), caminando nuevamente nos dirigimos a desayunar al pueblo, concretamente en la Cafetería Restaurante Vélez. Allí hicimos los desayunos, tanto de este día como del domingo, con unas riquísimas tostadas de pan de hogaza. Y mientras desayunábamos, preparábamos la actividad matinal que consistió en un paseo, ya con vehículos a motor, atravesando las espectaculares, turísticas y archiconocidas Hoces de Vegacervera, dirigiéndonos a la localidad de Carmenes, donde ya a pie recorrimos las calles del pueblo empapándonos del sabor a pueblo montañés. Tras la cervecita de rigor, con más frío que calor, con mucho viento del norte y con la lluvia a ratos amenazante, nos dirigimos a la localidad de Getino, donde en el Restaurante Amador teníamos la reserva para comer, lo que en efecto hicimos, ya acompañados de Fernando ‘Malibú’ que había cumplido con sus obligaciones laborales. Y vaya que si cumplimos con la comida. Es totalmente recomendable y resulta difícil de creer comer por 17 euros, por ejemplo, un arroz bien hecho y un estofado de venado, además del postre, pan, vino, agua y gaseosa, y además sobrando de todo. La relación calidad-precio es simplemente perfecta. ¿Quién dijo que para comer bien había que pagar mucho? Espectacular. Resumido en dos palabras, impresionante.
Ya a la tarde, nada más comer, Marta y Fernando tuvieron que ausentarse unas horas por un asunto familiar, y mientras tanto el resto regresamos al campamento donde, previa siesta de pijama y orinal, nos metimos en la pequeña piscina cubierta, disfrutando niños y mayores, tanto de la piscina, como del jacuzzi, gimnasio y sauna, todo lo cual surtió positivos efectos sobre nuestros cuerpos y mentes. Tras las protestas infantiles por no querer abandonar los juegos acuáticos, nos dirigimos al pueblo nuevamente andando, muertos de frío a pesar de ir abrigadísimos, donde después de un reconfortante aperitivo nos dirigimos al Hostal Restaurante Las Rocas, contando ya con la compañía de Marta y Fernando, cenamos estupendísimamente y con una exquisita amabilidad, lo que nos obliga a recomendar su visita gastronómica. Y tras esos buenos momentos, vuelta a casa donde tras la obligada copa, nos retiramos a descansar. Y llegó el domingo, último día de nuestra salida familiar. Todo iba trascurriendo y así finalizó, con total normalidad, cumpliéndose minuto a minuto el objeto y motivo de estas jornadas festivas, que no es otro que el estrechar lazos, no ya entre nosotros pues nos unen muchos, también entre nuestras familias que no acuden a las reuniones, salidas y excursiones, con la misma asiduidad que los pilotos megamoteros, sirviendo estas jornadas para relacionarnos y encariñarnos, ello aún a costa del sacrificio que para los pilotos supone renunciar prácticamente al uso de la auténtica protagonista que es la moto. Eso sí, la renuncia a las dos ruedas es exclusivamente durante esta salida, robando así tiempo a la moto en favor del dedicado a la convivencia y conocimiento mutuo.
Tras recoger los trastos, previa parada “vermutera” en La Vecilla, nos dirigimos a Boñar, concretamente al Restaurante Hostal Inés, acompañados ya por Julián ‘El Segurero’, su mujer Trini, ‘La Pampera’, y sus dos maravillosas hijas Malena, ‘La Suave’, y Gala, ‘La Tremenda’, de 7 y 5 años de edad. La comida, es obligado decirlo, fue accidentada, el servicio nulo y la calidad dejaba mucho que desear, por lo que a pesar de haber pagado 3 euros menos que por el menú del día anterior, nos dolió más la factura por resultar excesivamente cara dada la relación calidad-precio. Y a pesar de que siempre mencionamos los lugares donde la satisfacción es grande y solemos omitir el nombre de los establecimientos que a nuestro juicio no son recomendables, en esta ocasión nos vemos obligados a hacerlo público, pues hacía años que no encontrábamos un lugar con tan mala organización. Una vez formalizada la ingesta de los supuestos alimentos, encaminamos a León con parada cafetera en Devesa de Curueño para terminar sobre las 19.00 horas cada uno en su casita con la satisfacción de haber contribuido todos y cada uno de nosotros a terminar de manera positiva un año más con la tradicional salida familiar.
Agradecimientos: Tino, Pluma roja, Luis, Loto
Fotos: La terremoto
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