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LIBERTAD EN DOS RUEDAS

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LIBERTAD EN DOS RUEDAS

Viva Scooter nº 015

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1. Introducción

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Finalizando enero y encontrar quince grados de temperatura, con un sol radiante, no es menester de dejarlo para disfrutarlo a lomos de mi mega.

Había pasado el sábado mirando a la ventana, deseando que se disipara la niebla. Paseando el casco de habitación en habitación, intentando ingenuo de mí, ver un rallito de Sol, por alguna de las ventanas. Y al final la ilusión de niño con juguete nuevo, se desvanece ante la obviedad de que sin remedio mi Burgman seguirá aparcada en el garaje. Pero el domingo, los cielos aparecen despejados y antes de dar un paso más, Mary Fran ya me está sacando la cazadora y los guantes intuyendo que hoy si saldría de ruta, y supongo para que la deje descansar de tanta queja de mal tiempo. Las diez de la mañana, sin ningún rumbo fijo, voy acompañando al rio Tajo en su caminar alejándome poco a poco del desenfreno Toledano. Pasado Carpio de Tajo dirección Talavera de la Reina, la carretera empieza a dibujar las curvas que obliga a trazar el camino por culpa de lo sinuosos del paisaje. Kilómetro a kilómetro me acerco a la falda de la Jara, lugar embriagador por sus ricos y alegres paisajes, que en primavera deja encandilados a los sentidos e incluso ahora en invierno, sigue conservando ese encanto. Llegado a San Bartolomé de las Abiertas, cruzo la CM401, para adentrarme en la parte más septentrional de la provincia Toledana, lindando casi con tierras Ciudad Realeñas. Carretera en perfecto estado, atravesando Retamoso me adentro en un bosque de montañas, hasta llegar a Torrecilla de la Jara situado en un pequeño valle verde, divisado una vez alcanzada una de la cima por las que discurre la CM4163, antecesoras de sus mayores hermanas que forman la muralla de los Montes de Toledo, por la zona más cercana a Extremadura, lugar idóneo y recomendado para hacer un alto en el camino, mientras a mi espalda se divisa a lo lejos con claridad, las cimas tímidamente blanqueadas por la escasa nieve caída este invierno en la Sierra de Gredos. La paz y tranquilidad del lugar apenas es interrumpido por el susurro del pequeño riachuelo que discurre a mis pies al que se acerca en la lejanía una pequeña familia de jabalís y el vuelo de majestuosas aves que planean a pocos metros de mi cabeza, ignorándome por completo en su viaje. Se contagia la sensación de libertad del lugar, la pena que Mary Fran no me ha podido acompañar en esta escapada, pero dentro de pocos meses que ya seremos tres, volveremos a estos mágicos rincones con Paula, aunque para ello tenga que acercarme en una lata de cuatro ruedas. Continuo solitario en mi ruta, dejo atrás el río Pusa. Después de casi tanto tiempo, se me hace raro encontrarme con alguien, y más aun, toparme con un aldeano alejado del pequeño pueblo, con su mula tirando del carro, que muy amablemente (quizás sorprendido también de encontrarse con alguien) me saluda. Es hora de volver a casa, saliendo de los Montes de Toledo. Desde Espinoso del Rey hasta los Navalmorales, el asfalta se vuelve bastante irregular, y las curvas son más retorcidas en su trazado. Toca reducir la velocidad, si quiero que todos los tornillos de la moto sigan en su sitio para la siguiente salida. Después de una treintena de kilómetros, vuelvo a tomar otra vez la CM401 ¡y la tranquilidad del asfalto en buen estado! Que ya me empezaba acusar el cuerpo tanto traqueteo, para en Cuerva ser adoptado por un grupo de Rss, que me invitan a acompañarles a buen ritmo, pero sin pasar de los 120km/h, hasta la antigua capital castellana, adentrándonos en ella por la parte del Valle, que proporciona al visitante y viajero una de las vistas más bellas de la ciudad. Al final más de trescientos kilómetros de ruta, buena temperatura y sobre todo el haber disfrutado de la libertad que a todo motero nos proporciona las dos ruedas.

Agradecimientos: Megascooter Club Toledo

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