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LOS "PIEFUERA" Y LOS "CHUFLA-CHUFLA"

Viva Scooter nº 012

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1. Editorial

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Una vez ya dediqué este humilde a la par que voluntarioso editorial a esos extraños seres llamados “los piefuera”; usuarios de scooter que se caracterizan por conducir su vehículo con uno e incluso los dos pinreles flotando graciosamente al viento. La razón, imagino, es una búsqueda inconsciente de estabilidad. Y toda una muestra de ignorancia de que lo que resulta peligroso de verdad es, precisamente, ir en moto con el tren de aterrizaje bajado.

Pues bien, empieza a abundar por nuestras ciudades otra pintoresca especie scooteril, igualmente identificable con facilidad, llamada “los chufla-chufla”. A los “chufla-chufla”, se les nota, la moto les da miedo. Más que la moto, lo que les da miedo es que hay muchas más junto a ellos... y coches... y autobuses... y furgonetas... y peatones... y taxis...

Por eso, se colocan en el centro del carril, a una moderadísima velocidad que bajo ningún concepto suele superar los 40 km/h. y muestran una enervante y casi mágica capacidad para no dejar pasar ningún otro vehículo por su lado. Ni de dos ni de cuatro ruedas. Por supuesto también, son especialistas consumados en quedarse a medias en los huecos entre el tráfico, imposibilitando el paso de otros que sí los aprovecharíamos...
Y no sólo eso; en caso de que alguien, desesperado, lo intente, son inmediatamente objetos de improperios y miraras asesinas mientras detrás -a su cola- provocan docenas de cambios de carril, intentos de cambio de carril y sustos por precipitados intentos de cambio de carril...

Son, en definitiva, la versión urbana y cotidiana de aquel viejo chiste del automovilista que va provocando una larguísima caravana con su utilitario, a 60 km/h por una general. Cuando los motoristas de la Guardia Civil, ya a punto del ataque de nervios, se colocan a su lado y le hacen gestos para que corra un poco más éste contesta airado “¿Para qué, si voy el primero?”
Y no sólo eso. Existen unos seres aún más terribles, demoníacos casi, que reúnen ambas condiciones: la de “chufla” y “piefuera”, a los que encanta moverse lentamente por el centro del carril con sus pies colgando...Con la convalidación y la llegada masiva de nuevos escuteristas, la aparición de estos fenómenos se ha multiplicado y uno, al verles poner en peligro su integridad y la de los demás, casi acaba dudando de sus principios y preguntándose si tienen razón los que afirman que la convalidación ha sido un error.

¡Cuidado! que quede muy claro que en absoluto pretendo, con estas líneas, reírme de los recién llegados. En absoluto. Nadie nace enseñado y todos hemos sido “rookies”. Al contrario; a ellos mi bienvenida al mundo del scooter y mi felicitación por haberse atrevido a descubrir un vehículo que les va a resultar divertido y útil. De quienes me río, incluso con un punto de acidez si me lo permiten, es de un determinado tipo de novato que decide que él no se va a adaptar al tráfico urbanita sino que el tráfico urbanita se va a adaptar a él. Y que como el scooter, en realidad, le da miedo pero es práctico y necesita usarlo, pues el resto de conciudadanos va a tener que cambiar sus hábitos de conducción y sus horarios. “Para qué voy a correr más si así voy la mar de tranquilito por la Diagonal, la Castellana, la Avenida del Cid o la Kansas City...”.

A ver, amigos “chufla”, ahí van algunas sugerencias sin más ánimo que echar una mano y ayudaros a evolucionar desde vuestra condición... No se trata ni de correr demasiado ni de ser un imprudente. Se trata, simplemente, de ir a la máxima velocidad legal permitida, aprovechar los huecos que quedan entre coches sin obligar a maniobras extrañas a nadie ni apurar, llevar los dos pies bien recogiditos y, si lo que se quiere es ir tranquilitos ponerse bien a la derecha para dejar pasar a los demás asumiendo que hay quién sí tiene prisa...

¡Ah! Y usar el transporte público si al final se decide que lo de la moto realmente no está hecho para nosotros.

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