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POR LOS ALREDEDORES DE OCAÑA
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Moteros del MC Toledo y el MM-Madrid “rutearon”, algo perdidos, por los paisajes del centro de España.
El invierno empieza hacerse hueco entre los buenos días de sol. Hoy es el primer día de nieblas con la que amanece Toledo. En la Puerta Bisagra (bueno... en la churrería de Información y Turismo) con frío en el cuerpo ya nos espera Vicente, muy madrugador, pero ahora solemos ser puntuales con la idea de meternos para el cuerpo un rico chocolate con deliciosos churros. Terminan por llegar los ruteros más alejados: Gregorio y Mely desde Torrijos, José Luis y su hijo desde las faldas de los Montes de Toledo. El tiempo pasa y llegada la hora de marchar aterrizan los más madrugadores Pedro y Teresa. ¡Que ya pensábamos todos que no venían! La niebla va envolviendo la ciudad, pero creo que todos tenemos ganas de moto. Al final cinco motos y un enlatado (porqué Mfran, con cuatro meses de embarazo, no puede moverse mucho en moto) a duras penas conseguimos llegar al punto de reunión con los compañeros del MM-Madrid: “El Rana Verde” de Aranjuez. Desde la quedada de Cuenca en septiembre no habíamos vuelto a juntarnos con la familia madrileña, y menos mal que el tiempo les ha engañado. Han salido con un solazo impresionante y ahora, en Aranjuez, hay una niebla que como dicen: “Si lo sabemos no venimos”. En total unos treinta locos de las dos ruedas nos hemos juntado para disfrutar del día. A pesar de las inclemencias Izarra y Marisa, en su moto nueva; Sudáfrica, Carlos y Estrella; Luís que ha cambiado la BMW por una enorme custom; y desde Guadalajara “Paco” para los amigos, junto con más compañeros de Madrid, ya esperan junto al resto de los integrantes del club toledano (César, Marcos, Dani y Belén, Pablo y Raquel, y Ramón). En definitiva, y a pesar del mal tiempo, 20 motos decoran la rotonda de entrada a los antiguos parajes de Palaciegos. Terminado el cafetito caliente, que nos ha venido a todos de perlas, nos volvemos a enfundar todo el equipo, consiguiendo entre la espesa niebla atinar cada uno con su montura. Un toquecito al freno y al encendido, para la sinfonía de motores. El indicativo de temperatura le cuesta despegarse de la parte baja del reloj, pero conseguido algunos grados en el motor, nos ponemos todos en marcha. Los artífices de la ruta (Ramón y Pablo) se organizan para llevarnos a todos. Dirigiendo a la tropa Ramón (lo cual significa que nos pederemos) y cerrando a la comitiva Pablo (que no sé yo quien es peor, jeje...). Nos empezamos alejar de Aranjuez, para supongo perdernos por zonas aburridas, ya que la parte Este de la provincia de Toledo y Madrid poca alegría para las dos ruedas nos puede brindar. Poco a poco las tierras marrones van dejando a tímidos bosquecillos, coloreadas por el ocre que sus secas hojas perezosas de despegarse de sus árboles, contrastando así con el verde de los pinos que salpican las pequeñas colinas que nos rodean.
¿Si al final voy a estar equivocado y esta zona va a tener sus propios encantos?. La carretera empieza acortar las rectas para dejar paso a suaves curvas, y según nos vamos perdiendo por las carreteras secundarias, acentúan su grado de giro empezando a disfrutar de todo lo que nos rodea. En el camino acontece de todo. Los que se paran para hacer las fotos, los que señalan a un lado y otro de la ruta, los que se paran a cambiar el agua el canario, ¡otra vez el que cambia el agua al canario! ¿Y una vez más? Y claro, entre los que nos paramos para que el indispuesto no se pierda, y los que siguen de ruta, pues... ¡increíble! Nos hemos perdido. ¡Pues sí señor! Ahí estamos Mary Fran, Pablo, Raquel, Izarra, Cacín y un servidor en medio de una fábrica cementera, porqué según parece este cruce nos lleva a una ermita, y eso que Pablo ya se ha hecho la ruta para no tener problemas, todo gracias a Izarra, que otra vez no te dejo que bebas tanto, que hacemos más paradas que el cercanías. Unos momentos de risas. Camino arriba, camino abajo y por fin cinco intrépidos rescatadores han conseguido encontrarnos. Somos lo que no hay. ¡Hasta con GPS nos perdemos! Un aplauso del resto de la comitiva a nuestra llegada dio pie a continuar el camino. ¿Lo que no entiendo es por qué ahora nos han dejado delante del grupo? Recorrido los últimos kilómetros con buenas curvas para disfrutar de nuestras máquinas terminamos frente a un pequeño descampado escondido entre varias pequeñas montañas, descubriendo una acogedora ermita. Aprovechamos para verla y de paso tomar un refrigerio en el pequeño kiosco que se encuentra. Una visita a los alrededores, foto de familia, y continuamos ruta hacia Ocaña. Y que mejor del pueblecito toledano que recorrer su antigua y famosa plaza mayor. Y para los más golosos, un asalto a la pastelería para cargar las bolsas de dulces, magdalenas y calentito pan de pueblo. El estómago comienza a rugir, dándonos aviso de que el tiempo pasa, siendo hora de dirigirnos al restaurante a dar tranquilidad al estómago. Recorrido el corto camino entre el entresijo de callejuelas para acercarnos a las afueras del pueblo, donde Cacín nos ha reservado sitio para la casi treintena de comensales. Al llegar, el remanso de paz y tranquilidad del lugar pronto es rota: entre los que dan vueltas y vueltas para conseguir aparcar perfectamente su moto (que somos complicaditos algunos), añadido a que Mely se le ha ocurrido la brillante idea de activar la alarma... Y claro, para ver si funciona, siempre está el que le da por empujar la moto, pues hemos estado media hora con el ruido de la dichosa alarma, hasta que hemos conseguido alejar la moto de los inhibidores de la cercana prisión empujándola. ¡Y por fin! Todos sentados para comer (que entre unas cosas y otras ha costado). Menú variado para los diferentes gustos y sobre todo lo ameno que se hace el momento, hace merecer la pena salir con la moto, hasta con estos días de nieblas, siempre acompañado de la mejor tropa. La pena es que lo bueno termina, y sobre las cinco, el que más y el que menos, comenzamos a recorrer el camino de vuelta a casa.
Agradecimientos a P.Carlos, Mary Fran y Paula (MC Toledo)
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