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Prueba: Honda SW-T400, un rutero en la ciudad

Viva Scooter nº 033

ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos  Jordi Bonany  Fotos  Diego Sperani 

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  1. Honda SW-T400
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Nunca mejor aplicado el calificativo de Rutero a un scooter que a este auténtico tragamillas, ya que devora la cinta asfáltica con una comodidad y presteza que pocas motos pueden igualar.

Honda SW T-400A primera vista es muy difícil encontrarle pegas al alto nivel de acabados que muestra el SW-T 400 ABS, pero, a poco que te fijes te darás cuenta de que, en el fondo es un GT clásico al que han modernizado exteriormente cambiándole las fibras. Detalles como la falta de toma de corriente, las cerraduras independientes para el asiento, la guantera y el contacto (en lugar de estar unificadas en la del contacto como se estila actualmente) y el tímido diámetro de sus llantas te hablan de tiempos mejores. Pero una vez dicho esto, no esperéis encontrar una sola crítica más en esta prueba, ya que este scooter me ha convencido del todo, lástima de la política de precios de Honda que lo ha dejado muy, muy caro, a 7.849 euros, más de 1.800 euros más caro que el modelo anterior con otras fibras y sin ABS pero igual de bueno. Con un cuadro de instrumentos de nueva factura y mucho más completo y legible que el anterior (por tener, tiene hasta un indicador de consumo instantáneo) pero le falta el chivato de pata de cabra extendida (?). Los retrovisores, situados en el manillar son perfectos para caracolear entre coches pero no tanto en carretera, pues debes desviar mucho la vista del frente para consultarlos. Se llega bien al suelo, es de los más bajitos, no tanto como el Burgman pero se apoyan mejor los pies en el suelo que con el Majesty. Cuando lo bajas del caballete te das cuenta del peaje que pagas por la finura de funcionamiento que otorga su fabuloso motor bicilíndrico: el peso, pesa lo suyo y se nota en parado y a poca velocidad.

En marcha


Para bajar la moto del caballete central hay que hacer algo de fuerza (poca), para subirla ya hay que hacer un poco más, pisar fuerte el caballete, no es fácil pero tampoco difícil, es que pesa lo suyo. Su caballete lateral es estable y seguro dejando la moto con una inclinación correcta, en este caso el freno de mano siempre es recomendable de usar y en el Honda es fácil y cómodo.

La postura encima del SW-T 400 es de lujo, con espacio para todo, el manillar, muy amplio y cómodo, está un pelín alejado de tu cuerpo y propicia una conducción relajada y turística, nada al ataque, muy de custom, a lo que contribuye la gran longitud y poca altura del mega, su ancho manillar transmite mucha seguridad y ayuda lo suyo a maniobrar a baja velocidad o en parado con los dos pies firmemente apoyados en el suelo. Llave en el contacto, el cuadro se ilumina, e inmediatamente las agujas de los relojes inician un rápido viaje de ida y vuelta y el mega se auto chequea… todo en orden, a la más mínima insinuación sobre el botón del arranque tenemos esta maravilla de la ingeniería, que es su motor, ronroneando entre nuestras piernas, con la suavidad de un bicilíndrico de poca cilindrada, su escape está muy bien silenciado (y muy bien integrado en el lateral del scooter).

En ciudad


La salida desde parado es notoria, suave como la seda (bicilíndrico manda) pero continua y agradable, tira y empuja como se espera de una máquina de su categoría, las vibraciones no molestan en absoluto, casi ni existen, se nota que el embrague está puesto a punto de una forma equilibrada. Circulando por la urbe se nota cómodo pero no ágil, (no llega a ser tan pesado como un Burgman 650 pero tampoco tan ágil como un X-Max 250, por poner ejemplos de la competencia), maniobra bien a poca velocidad, pero es gracias a la poca altura de su asiento y a la gran palanca que ejerce su amplio manillar. La postura de conducción es repanchingada, a lo custom, muy cómoda. Su asiento es de espumado consistente y amplio, te hace abrir poco las piernas lo que permite llegar muy bien al suelo y apalancar con fuerza los pies para moverlo en parado, al colocar los pies en la plataforma, la postura de moto (los pies algo retrasados) es incómoda, pues coincide con un estrechamiento de la plataforma para que puedas bajar los pies al suelo con seguridad. Lo dicho, postura “cruiser” “pies al frente”. Hablando de seguridad, hay que comentar el motivo de esta prueba: el SW-T 400 equipa frenos ABS, (que por cierto funciona muy bien), esto es una novedad, pues el modelo anterior no lo equipaba. Y es una muy buena novedad, (espero que algún día el ABS sea obligatorio en todas las motos, como sucede actualmente en los coches). Más sobre seguridad: cuando pones las largas este mega GT suma luces, no sustituye, es decir, con las cortas llevas un faro encendido, pero con las largas se encienden los dos, vamos que se hace de día de golpe, lástima que con las cortas no se enciendan los dos focos, esto le otorgaría una visibilidad nocturna casi perfecta


La capacidad de carga



Como buen GT, goza de una gran capacidad de carga, tiene un cofre enorme, alberga dos integrales o dos mochilas pequeñas con la ropa del fin de semana, y todo ello en un solo hueco debajo del asiento del pasajero. Además, dispone de un porta-paquetes muy elegante y robusto (idéntico al de la versión anterior, todo ello junto le otorga una más que buena capacidad de carga, a la cual sólo le faltaría el gancho portabultos en el retro-escudo para ser perfecta).


El pasajero


En cualquier mega GT el pasajero siempre es muy bien tratado, en nuestro invitado de hoy, también, pero con matices. Tiene una posición de viaje muy buena, es fácil acceder a él utilizando las estriberas plegables como escalón. Y además el respaldo del pasajero es cómodo y útil, pero... el copiloto queda muy separado del conductor por culpa del apoyo lumbar del conductor, y claro, al coger velocidad se crea un rebufo muy molesto entre la espalda del conductor y el pecho del pasajero, lo que provoca que éste sufra el viento y el frío en invierno o el viento abrasador en verano.

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