Volver

Portada » Opinión » Ventana abierta » QUIERO SER TU SCOOTER

Etiquetas

XM-17vri  

.

QUIERO SER TU SCOOTER

Viva Scooter nº 011

ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos  Esteve Ripoll  Fotos  Mª Valle Tejedor 

1. Ventana abierta

cerrarEnviar este artículo a un amigo:

Datos de tu amigo:

Tus datos (para poder indicar quién se lo manda):

Me bautizaron XM-17vri y pertenezco a un gigante asiático de la automoción cuya identidad prefiero no revelar. Apenas tengo un año de vida y he sido el centro de los esfuerzos de un equipo de más de 120 personas, entre ingenieros, mecánicos y diseñadores. En mi concepción se tuvieron en cuenta numerosos parámetros, que debían sustentar mi identidad como “el scooter definitivo”. Para empezar, cuento con un par de generosas llantas de aluminio de 17 pulgadas.
Ya sabes, por eso de la estabilidad. Además, dispongo de un revolucionario motor híbrido que destaca por su extraordinaria ligereza. Está compuesto de un propulsor interno de inyección de bajo consumo y alto rendimiento y de un motor eléctrico, que funciona gracias a unas baterías de níquel e hidrógeno que garantizan una larga autonomía.
Soy silencioso y veloz, y por la noche tengo una vista de lince gracias a los dos faros de xenón que presiden mi esbelto frontal. Mi frenada es intachable, propia de la mejor de las motos turísticas con ABS, y mi pantalla se puede alzar eléctricamente si el tiempo -siempre caprichoso- decide no ser benévolo. Por otro lado, debajo de mi asiento descansa cómodamente el casco integral de carbono y visión trasera específicamente diseñado para “la revolución XM-17vri”. En definitiva, que soy el scooter más avanzado que descansa sobre la faz de la Tierra. Y no digo lo de “descansa” por decir, ya que eso es lo que por desgracia me han reservado mis creadores. Expuesto en una vitrina del museo de la marca, paso mis días con resignación. ¿Para eso tanto esfuerzo?
Miles de horas y esperanzas desperdiciadas para terminar postrado como una ruina milenaria. Y sólo para satisfacer el ego de ese presidente canijo y ególatra. Me siento muerto, aunque en mi contador digital con ordenador de a bordo sólo cuento con 1 kilómetro recorrido. Todavía recuerdo con una exactitud fotográfica esos mil metros. Fue saliendo del taller. Arranqué a la primera.
Respondí rápidamente al gas,
gestionado electrónicamente, y entonces, cuando pensaba que circularía por la pista de pruebas, me introdujeron en esa furgoneta negra. Allí me embutieron en una caja de madera y una hora más tarde ya era prisionero de este zoo tecnológico. Anhelo, por encima de todas las cosas en este mundo, escapar. Rodar, acelerar, frenar, tomar curvas. Es por eso que he sido concebido. Y también para visitar el taller, donde saben qué me duele, cómo hidratarme con aceite nuevo y cuándo sustituirme las suelas por unos neumáticos de mejor agarre. Pero no para permanecer encerrado en una vitrina con esos malditos fluorescentes asépticos de neón.

Rezo, en mi particular código binario, para que algún día me rescaten. Mi grado de exigencia ha llegado a extremos tan bajos que no me importaría que fuera un estadounidense seboso, podrido de millones de dólares, que me diera vidilla rodando por su fastosa mansión de horrible gusto. O un jeque árabe coleccionista de los vehículos más exclusivos. Por lo menos, en el desierto podría demostrarle que mi nivel de refrigeración es asombroso y que su fortuna petrolífera se iría al traste con mi consumo ínfimo. Incluso he llegado a desear -en este punto, si me tildas de masoquista creo que estará justificado- que me roben y sea desballestado. En efecto, que me desmenucen y que mis órganos sirvan para dar vida a otros vehículos. Sé que es ilegal pero mayor delito es estar encerrado por el simple hecho de haber sido creado. ¿Acaso es este mi sino? Me siento desgraciado por el mero hecho de ser más avanzado que mis congéneres, “el scooter definitivo”. Sólo espero que después de leer mi carta abierta a Viva Scooter tomes conciencia de mi dramática y desesperada situación. De todo corazón te lo digo: Nada me haría más feliz que acomodarte en mi asiento de doble mullido y transportarte de arriba para abajo. Deseo, por encima de todas las cosas, ser tu scooter y te aseguro que no te defraudaré. Ahora te toca a ti. ¿Me quieres? Atentamente, XM-17vri

1. Ventana abierta

Puntúa el artículo
- Puntuación media 3/5 (102 votos)



Para dejar un comentario regístrate o accede si ya eres usuario.

Aviso legal - Acerca de - Contacto - Política de privacidad - Mapa Web - MC Ediciones - Passeig Sant Gervasi, 16-20 08022 - BARCELONA

Publicaciones online de MC Ediciones, S.A.MC Ediciones

© 2008 MC Ediciones, S.A. | Powered by Newcomlab