ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Jordi Bonany
Esta pequeña salida de una mañana ha sido algo así como la del reencuentro, pues ha tenido lugar después del período vacacional, donde cada uno de nosostros, a su manera, se ha ocupado de los deberes familiares.
Siendo así la salida del reencuentro, ha aportado igualmente sus características propias, una de ellas era la despedida de Carles de su fiel compañera, una BMW R1200R, a la que sustituye por una más rutera BMW K1200LT (todo un monstruo de la carretera y una devoramillas incansable) que estrenará en nuestra próxima salida. Otra de las noticias que ha aportado este verano es el embarazo de la mujer de Evarist, por lo que aprovechamos este espacio en la revista para felicitarle públicamente. Y, por último, el próximo enlace matrimonial entre dos miembros más de nuestro inexistente club, Leo y Diana. Felicidades también… Y cambiamos de tercio pues esto ya parece más una columna de una revista de sociedad que una revista de motos. La salida en sí fue (como siempre) estupenda. En esta ocasión destinamos sólo una mañana a disfrutar de nuestros megas y motos y -claro- el destino no podía ser otro que la montaña “sagrada” de los motards catalanes, el Montseny.
Después de unos días de lluvia las carreteras del Montseny estaban radiantes, repletas de verde,exuberantes incluso para la época del año en que estamos, lo que transformó en una delicia el circular por ellas sin prisas, a ritmo de 125cc inundando todos nuestros sentidos de verde, agua y naturaleza. Sin embargo, esto también tuvo su contrapartida ya que en muchas curvas nos encontramos con tierra arrastrada los días anteriores por las torrenciales lluvias que había gozado la zona, lo cual provocó que circuláramos con más atención de lo normal y dejando un margen de seguridad más amplio para evitar posibles resbalones en plena trazada.
Afortunadamente habían ya roderas de asfalto dejadas por algunos coches más madrugadores que nosotros, lo cual facilitaba mucho el paso por encima de estas zonas de tierra arrastrada. Antes del desayuno, Evarist y yo cambiamos de montura, cogiendo él mi X-9 y yo su Honda NTV Revere 650, ¿qué puedo contaros de esta moto? Un clásico en nuestro mercado, la sensación de ir agachado, tirado hacia delante, el viento en la cara (y en todo el cuerpo), las leves (pero existentes) vibraciones que rodeaban todo mi ser y sobre todo la potencia y respuesta al puño de gas (no olvidemos que ahora estoy acostumbrado a una 250 de 23 cv y la Revere tiene más del doble).
Creo que es una moto que ha aguantado muy bien el paso del tiempo, un 10 para ella. Del desayuno no sé qué contaros que no suene repetido de otras salidas; es el momento de descanso por excelencia, el único en que estamos reunidos todos sin prisas, distendidos y relajados, es decir, el mejor momento de la salida. Por culpa de la falta de tiempo no pudimos subir al Turó de l’Home pero es algo que queda pendiente. De todos modos la salida en sí fue fabulosa y no hechamos de menos ni un kilómetro más de los 209 realizados, que no está mal para una mañana. La vuelta a casa -también como siempre- con prisas, pues como es costumbre apuramos hasta el último momento y claro… Resumiendo, motos, paisajes de ensueño, buena compañía, ni frío ni calor, carreteras super entretenidas, un desayuno de p. madre y compañeros que gracias a las salidas vamos conociéndonos un poco los unos a los otros. ¿Qué más se puede pedir?
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