Salida a Portlligat, Museo Dalí y Monasterio de Sant Pere de Rodes

Rutas y Concentraciones

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PobreEl mejor 

En esta salida empezamos a notar los primeros síntomas del buen tiempo, ya que la presencia de “bichos” voladores se hizo notar, y como suelo hacer ya que mi montura suele permitírmelo, me llevé conmigo la cazadora motera de verano, la cual utilicé desde después de parar a desayunar, pero no avancemos acontecimientos y empecemos por el principio.

 

Quedamos a las 8.30 h. de la mañana como siempre en Lluïsos, como el hombre del tiempo no se había aclarado, que si nubes, que si sol, que si lluvia, las ausencias se hicieron notar y esto configuró una parrilla de motos grandes, (la más pequeña el Piaggio Beverly 500 de Francis), este hecho hizo que el ritmo de viaje fuera un poco más alegre de lo normal, de todos modos nos mantuvimos estrictamente dentro de la legalidad, pero en las subidas se notaba que las motos tiraban más. Para esta salida conducía el Gilera Fuoco 500 gentileza de esta revista, como es normal el aparato levantó bastante expectación y esta vez si que hubo hasta turnos para probarlo, la verdad es que es un (estéticamente hablando) bicho raro, yo diría que tiene “cara de araña”, pero ¡qué condenadamente seguro que es el triciclo este! Tanto en autopista como en curvas.

Nuestro destino inicial era la población de Bàscara, donde habíamos quedado con Miquel y Dolors, nuestros entrañables amigos de Castelló d’Empúries que como suele ser habitual nos hicieron de guías. Después del rápido desayuno Miquel cogió ya el Fuoco y Montse y yo descansamos nuestros “bodys” en su lujurioso SilverWing, ¡vaya cambio! Esto sí es una máquina para viajar al fin del mundo, y mira que el Fuoco no es precisamente incómodo, durante el trayecto una abeja se introdujo en el casco de Jordi “Gasolinero” y le proporcionó un picotazo suicida que le dejó la cara hinchada un buen rato, por suerte la cosa no pasó a mayores. Con el Fuoco de guía nos dirigimos a la Histórica población de Castelló d’Empúries, ya que Toti debía entregar un “misterioso paquete” con forma de pata de jamón que había acarreado todo el camino desde Barcelona. Una vez cumplido con el encargo nos dirigimos rápidamente hacia Portlligat, en el camino perdimos de vista a varios de nuestros compañeros (mira que somos pocos y así y todo nos perdemos...), nada grave, Jordi “Gasolinero” haciendo honor a su apodo se había quedado sin gasolina.

Una vez en Port Lligat iniciamos la visita a la Casa-Museu de Salvador Dalí, que no tiene desperdicio, con su Oso Polar disecado recibiéndonos en la entrada o su “Cristo de las Basuras” en el jardín y por supuesto sus blancos huevos, verdadera obsesión del artista, hasta pudimos ver unos apuntes de verdad, sobre madera, en pintura blanca llamados “el Angel Blanco”, en fin que se lo recomiendo a todo el mundo. Después de la visita cultural enfilamos nuestras monturas por una bellísima carretera de curvas hasta Cadaqués, había yo recuperado mi Fuoco (parecía que Miquel no lo quería soltar) y de repente se nos puso a llover, poca cosa, pero lo justo para no entretenernos por el camino hacia el restaurante donde comimos, como siempre, muy bien mientras se habrían los cielos en el exterior, si nos tiene que llover, me gusta que llueva cuando como y pare cuando acabemos, así al salir del ruidoso local, tus sentidos se inundan de paz, silencio y olor a hierba mojada, afortunadamente esta vez si llovió a gusto de todos y cuando abandonamos el restaurante el sol asomaba tímidamente entre las nubes. Con la barriga llena nos dirigimos hacia Port de la Selva, pueblecito pesquero bastante bien conservado de los estragos del turismo, donde hicimos un cafetito antes de ascender por una increíble carreterita de curvas hasta el Monasterio de Sant Pere de Ribes, el cual no pudimos visitar pues el tiempo ya se nos echaba encima.

Después de despedirnos de nuestros amigos-anfitriones-guías, Miquel y Dolors, nos dirigimos a la nacional dirección Girona, durante ese tramo el cielo se despejó y un luminoso cielo azul se abrió delante nuestro, justo al mismo tiempo que empezó a llover de forma un poco más seria que antes, yo alucinaba, ¿de donde narices salía ese agua con el cielo tan azul?...en fin caprichos de la naturaleza a los que estamos expuestos todos los motards viajeros. En Hostalric, y tras despedirnos de Carles “Ganapia” López y su mastodóntica BMW que se encaminó hacia su casa en Granollers por la nacional, entramos en la autopista y ahí el Fuoco me demostró de que pasta estaba hecho, lástima de carenado tan pequeño, porque la estabilidad que ofrece a alta velocidad (150 km/h. reales) es fabulosa, sólo el nuevo T-Max 500 se le acerca en este terreno, (y te hacen pagar por él casi 2.000 euros más que por el Fuoco). En resumen, todo un experiencia artística- tri escotera. Hasta la próxima.Viva Scooter 26

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